Los Marchi, una saga del esfuerzo en tres generaciones

En San Antonio de Areco, consolidaron un esquema integrado de agricultura y ganadería, con feedlot propio, acopio y hasta una flota de camiones. Una empresa que forjó el abuelo aparcero y que profesionalizó su nieto ingeniero.

En San Antonio de Areco, Luis Marchi comenzó a manejar el tractor a los ocho años y a los once era el cocinero del equipo que sembraba y cosechaba. Les preparaba asado, puchero y bifes al disco. Creció entre tractores y potreros, pero la primera encrucijada importante la enfrentó en el subsuelo del Hospital Fernández en la Ciudad de Buenos Aires.

Quería estudiar Agronomía en la UBA pero no pudo aprobar ninguna de las seis materias del ciclo básico. “Mi tía Juana Martellini, que era enfermera, me llevó a hablar con un médico que era nefrólogo. El tipo me dijo vos tenes dos caminos: o te volvés al campo y cargás con la mochila de la frustración toda tu vida, o la peleas hasta que te recibas de ingeniero. Tenes que empezar de cero, vos no sabes ni lo que es el Teorema de Pitágoras”, le dijo.

Marchi, que con constancia había esquivado la tarea de la escuela cada tarde para “fugarse” al campo con su abuelo “Toto”, eligió el camino difícil. Se anotó en un instituto para aprender la materias y al año siguiente aprobó el ciclo básico de la UBA. Los tres primeros años de Agronomía fueron duros, pero cuando llegó a las materias prácticas “volaba” porque en los lotes y potreros si había hecho los deberes.

En el 2001 volvió como ingeniero agrónomo a San Antonio de Areco para trabajar en la empresa familiar que construyó su abuelo “Toto”, en realidad Luis Santos Marchi, que arrancó como empleado y aparcero cuando los lotes se araban a caballo. A finales de la década del 40, con su cuñado fundaron la empresa Marchi y Punte. Durante 50 años trabajaron como “chacareros”. Ellos ponían el trabajo, las máquinas y los insumos, y compartían las ganancias -también las pérdidas- con los dueños de los campos. Con los años, comenzaron a comprar sus propios lotes y potreros.

Aporte: Clarín

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