#LaEscuelaDeArteGustavoChertudi NO SE TOCA

Bajo ese hashtag y con la consigna “la escuela de Arte Gustavo Chertudi NO SE TOCA” alumnos/as, ex alumnos/as, personal de la cooperadora y vecinos/as se sumaron a reclamar y luchar por el predio de la escuela.

Para poner en contexto de qué es lo que sucede, hay que remitirse unas semanas atrás cuando mediante un posteo de una alumna en su cuenta de Instagram manifestaba el temor o la incertidumbre de no saber qué sucedería con el predio una vez que esta pandemia pase.

El predio de la escuela de Arte -actualmente y desde hace varios años- se encuentra en la esquina de Lavalle y Moreno (por estos tiempos de revolución que se viven en torno al COVID-19, fue cedido muy amablemente para el anexo del Hospital Emilio Zerboni). Lo que resulta angustiante y desesperante para los/las integrantes del establecimiento es que han consultado o requerido saber qué sucedería luego, si volverán a ese mismo lugar o si se les otorgará otro predio.

Vale recordar que la escuela de Arte Gustavo Chertudi ha pasado de edificio en edificio por muchos años desde que comenzó hace 30 años, sin que se les garantice (a lo largo de varios gobiernos) un lugar propio.

Por estos días, parte de la cooperadora de la institución le han enviado una carta al Intendente Francisco Ratto pidiéndole una explicación y pronta respuesta al tema. La compartimos:

 

No solo esta preocupación surgió en los alumnos/as. Hace 15 días aproximadamente, un profesor de allí -Federico Mercado- se dirigió al lugar y cuando entró el baño de mujeres se encontró con una situación lamentable. Aquí explica lo que vio:

Nos borraron el Mural del Baño de Mujeres.

El año pasado (2019) desde mi materia Dirección de Arte de 4to Año de la Tecnicatura de Diseño Gráfico, que funciona en la Escuela de Arte Gustavo Chertudi, la alumna Martina Salaberry realizó un proyecto anual que consistió en trabajar los ejes de la educación sexual integral. La ESI, sancionada en 2006 según la ley 26.150 y bajo la Resolución CFE N°340/18 del 2018, comprende a todos los ámbitos y todos los niveles educativos. El resultado fue un mural e intervención interactiva, “El Tendedero”, basada en la obra de la artista mexicana Mónica Mayer.

“El Tendedero” consistía en que a partir de distintas imágenes acerca de estereotipos y violencias de género se invitaba a participar contestando una pregunta disparadora que se escribía en un pizarrón y se renovaba semanalmente. A través de un sistema de alambres y broches el público podía dejar las respuestas.

Este año alumnxs de grabado seguirían sumando imágenes y las consignas de “El tendedero” continuarían cambiándose una vez por semana durante todo el año.

Hoy tuve la posibilidad de visitar el edificio de la escuela de arte, donde trabajé hasta que empezó la cuarentena. Actualmente funcionan allí, a causa de un préstamo y en relación a la pandemia, los consultorios externos del hospital municipal. En mi recorrido por la escuela se me ocurrió ir a ver el mural y encontré la pared vacía. Todo un año de trabajo borrado en un lugar que no molestaba, ya que todas las paredes intervenidas tienen azulejos hasta los 2 mts, lo cual no alteraría la limpieza del lugar. Me sentí muy triste e indignado, ya que en un lugar donde se está promoviendo la salud las ESI deberían tomarse con mucha importancia y responsabilidad. También porque siento que, la posibilidad de disfrutar de una expresión del arte y la salud, deberían ir de la mano.

Algunxs me dirán que como el lugar se pintó, se decidió hacerlo con ese espacio también, pero mi sorpresa fue que al baño de hombres, que tiene un mural de una galaxia en sus paredes, no lo tocaron. Y es aquí dónde me preguntó: ¿Qué es lo que molesta tanto como para borrar de un plumazo un mural? Sin siquiera pedir permiso, o por lo menos avisar. ¿Por qué un mural sí y otro no? ¿Será que hablar sobre los cuerpos y sexualidades es visto como algo “sucio” por aquellxs que deberían garantizar un acceso pleno a la educación sexual integral? ¿Será que acuerdan con el estereotipo de la mujer elegante y con sombrero, que quedó ahora en la entrada al baño, y ven con miedo la posibilidad de que las mujeres se piensen diferentes? ¿Qué mente censora y arrogante fue capaz de borrar la expresión de nuestra escuela?

No lo sé, pero puedo asegurar que duele.

Carlos Federico Mercado

25.072.049

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