Juan Carlos Saravia, adiós emocionado al fundador de los Chalchaleros

Dice el periodista Mauro Apicella del diario La Nación, que con la muerte  Juan Carlos Saravia, se fue  “el primero y el último chalchalero”. Las crónicas de este día recuerdan la trayectoria de este salteño de ley con 89 años pero con 55 recorriendo los escenarios y consagrando un estilo clásico y reconocido en todo el mundo a la hora de abordar el folklore de nuestro país.

Los medios también retratan con hermosas palabras su vida junto a las distintas formaciones de Los Chalchaleros, el recuerdo de sus pares y sobre todo de su público, fiel en todos los sentidos. Los arequeros seguramente recordarán  una visita del grupo al Prado Español, una sábado  de lluvia y más recientemente en el Club River Plate, en unas noches de jineteada junto al río, cuando comenzaban a despedirse.

Saravia contaba con muy buenos amigos en nuestra ciudad, quienes seguramente  estarán recordando sus anécdotas  con una sonrisa, aquellas compartidas en una hermosa casa de la calle Arellano. Para sus íntimos, no hay mejor homenaje que la zamba que le dedicó su hijo Facundo, y que compartimos a continuación.

A Mi Padre

(Facundo Saravia)

Por fuera es la ternura, es la sonrisa pura
como pocas grandezas que acercan su sol
por dentro los dolores de tantos quebrantos
guardados muy callados en su corazón.
Ejemplo de madre y padre
con sus cinco semillas solito quedó

Mimaba a Carolina por ser la única hija
seguida por Facundo, Santiago y don Juan.
No pudo contenerse en su afán de ser padre
y al cabo de unos años nació Sebastián.
‘Chicos, no van a pelearse,
para desenojarse besos se darán’.

Dulces mares de amor
navegan su interior.
Siempre serás el reflejo
de aquel viejo secreto de amor y amistad.
Si hay grandes entre los grandes,
padres como mi padre tienen un lugar.

Quiso rehacer su vida trayendo a Margarita,
llegó con San Antonio y con su suavidad,
y aunque ya la cigüeña estaba descansando
un lindo colorado nos vino a dejar,
que tiene tus mismos gestos,
te compra con un beso y te quiere imitar.

Quisiera agradecerte, yo particularmente,
por encender tu luz en mi obscuridad,
por ser siempre mi amigo, por darme el abrigo,
por no dejarme solo en la adversidad.
Y guitarra de por medio
me hiciste CHALCHALERO que orgullo me da.

(Se repite estribillo y cierra)
‘para Juan Carlos Saravia,
con cariño su hijo hoy le quiere cantar’.

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